sandalia no es para ser cambiada. Tal proposición, según el Sr. Dühring, está expresada de una manera vulgarísima y pedantesca, y quienes encuentran una «distinción entre el valor de uso y el valor de cambio» hacen también «el ridículo» al olvidar que «muy recientemente», en el sistema más acabado—es decir, ¡naturalmente!, el del Sr. Dühring—, el valor de uso y el valor de cambio han desaparecido.
«Se ha querido descubrir la idea moderna de la división del trabajo económico en los escritos de Platón, acerca de la República. Sin duda, eso es una alusión al pasaje del Capital[1], en que se muestra, por lo contrario, que las ideas de la antigüedad clásica sobre la división del trabajo son «absolutamente opuestas» a las ideas modernas. Platón no recibe sino desdenes del señor Dühring, por haber mostrado (idea genial para su tiempo) en la división del trabajo la base natural de la ciudad, idéntica para los griegos con el Estado, y esto porque no ha hablado (¡pero Xenofonte lo ha dicho, señor Dühring!) del «límite que impone toda extensión del mercado a la división ulterior de las ramas profesionales y a la descomposición técnica de las operaciones especiales... y sólo la noción de semejante límite es lo que hace de una idea, que apenas puede llamarse científica, una importante verdad económica»[2].
En efecto, el profesor Roscher, tan aborrecido del señor Dühring, es quien ha puesto el «límite», que sólo hace «científica» la idea de la división de trabajo y que, en consecuencia, ha atribuído expresamente a Adam Smith el descubrimiento de la división del trabajo. En una sociedad en que la producción de mercancías es la forma dominante de producción, el mercado—para ha-