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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/326

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Anti-Duhring

blar como el Sr. Dühring—constituye, efectivamente, «un límite», bien conocido de «los hombres de negocios». Pero «un saber y un instinto rutinario» no bastan para descubrir que el mercado no ha creado la división del trabajo capitalista, sino que, por lo contrario, el mercado se ha creado por la descomposición de las conexiones sociales anteriores y por la división de trabajo que de ahí deriva. (Ver el Capital, I, cap. XXIV, 5: Establecimiento del mercado interno por el capital industrial.)

«El papel de la moneda, en todo tiempo, ha suscitado el pensamiento económico; pero, ¿qué sabía un Aristóteles de su función? Evidentemente, nada; sino que el cambio, por medio de la moneda, ha sucedido al cambio primitivo de los objetos naturales.»

Pero cuando «un» Aristóteles se da cuenta de que descubre las dos formas de circulación diferentes de la moneda, una en que aparece como simple instrumento de circulación, y otra en que actúa como capital, parece (es Dühring quien lo dice) que se «limita a expresar una antipatía moral». Y cuando «un» Aristóteles lleva su audacia hasta querer analizar la moneda en su función de medida del valor; cuando plantea, efectivamente, en términos exactos el problema decisivo para la teoría de la moneda «un» Dühring, prefiere no decir nada (y para eso tiene buenas razones) de esa insolencia inaudita.

Resultado final es que, en el cuadro que el Sr. Dühring pinta de la antigüedad griega, no hay, en verdad, sino «ideas enteramente ordinarias» (pág. 25), si es que tales «naderías» (pág. 29) tienen algo de común con ideas ordinarias o no.

Bien se hará en leer el capítulo del Sr. Dühring acerca del mercantilismo, en el original, es decir, en Federico List. Sistema nacional, capítulo XXIX. El sistema industrial, falsamente denominado por la Escuela sistema mercantil: lo que sigue muestra con qué cuidado el señor