secretas de Hume con Vanderlint y con J. Massie, del cual aún hemos de hablar. Según el Sr. Dühring, no se ha entendido, pues, a Hume: veamos quién es. En cuanto respecta a la verdadera teoría de la moneda de Hume, según la cual la moneda es un sencillo signo de valor (en consecuencia de lo cual, en igualdad de condiciones, el precio de las mercancías baja en aquella medida en que aumenta la cantidad de moneda circulante, y sube en la medida en que disminuye), el Sr. Dühring, con la mejor voluntad del mundo, no puede hacer más que repetir los errores de sus predecesores, en la forma tan luminosa que le caracteriza y que sólo él sabe hacerlo. Hume, después de exponer tal teoría, se hace la objeción, que ya había hecho Montesquieu partiendo de igual hipótesis: «es, no obstante, «cierto» que después del descubrimiento de las minas de América la industria creció en todas las naciones europeas, salvo entre los poseedores de esas minas, y que «eso es debido, entre otras causas, al incremento de la cantidad de oro y de plata». Y explica el fenómeno del modo siguiente: «bien que el precio elevado de las mercancías sea la consecuencia necesaria del aumento del oro y de la plata; el alza de los precios no sigue inmediatamente a ese aumento, sino que se produce sólo, algún tiempo después, cuando la plata ha circulado por todo el país y dejado sentir su acción en todas las capas de la población»: en el intervalo, sus efectos serían bienhechores para la industria y el comercio. Al fin de semejante análisis, Hume, nos da también la razón, aunque de una manera menos comprensiva y más unilateral que muchos de sus predecesores y de sus contemporáneos: «Fácil es seguir la marcha de la moneda a través de toda la sociedad; entonces se verá que, antes de elevar el precio del trabajo, estimula la actividad de cada cual.»
En otros términos, Hume describe la acción de una revolución (en el caso particular de una depreciación) del