valor de los metales preciosos—o lo que es lo mismo, de una revolución en la medida del valor de los metales preciosos y descubre, justamente, que vista la lenta igualación del precio de las mercancías, tal depreciación, en último análisis, no eleva el precio del trabajo, o sea el salario; por consecuencia, aumenta, con detrimento de los trabajadores (lo cual encuentra perfectamente), el beneficio de los comerciantes e industriales, y de ese modo estimula la actividad. Mas el verdadero problema científico es saber: si y en qué forma el aumento en la importación de metales preciosos (permaneciendo constante el valor) influye en el precio de las mercancías. Hume no se plantea tal problema; confunde el «aumento de los metales preciosos» con la depreciación de éstos. Hume, pues, hace exactamente «lo que Marx ha dicho que hacía»[1]. Volveremos sobre este punto, pero veamos, desde luego, el Ensayo de Hume respecto al «interés».
Hume expresamente dirige contra Locke sus argumentos para probar que el interés no se regula por la cantidad de moneda, sino por el tanto del beneficio. Dicha argumentación, con otras explicaciones tocante a las causas que determinan un tanto bajo o elevado de interés, se encuentran en forma mucho más exacta, pero mucho menos ingeniosa, en un escrito publicado en 1750, dos años antes del Ensayo de Hume: An Essay ou the Governing Causes of the Natural Rate of Interest wherein the sentiments of sir W. Petty and Mr. Locke, on tha head, are considered. El autor de este escrito es J. Massie, publicista de múltiple actividad y muy leído, como puede juzgarse por los libros que aparecieron en esta época, en Inglaterra. La explicación que da Adam Smith del tanto del interés, se aproxima más a la de Massie que a la de Hume. Ni Hume ni Massie saben ni dicen nada respecto
- ↑ Marx, Zur Kritic, etc., pág. 141.