desgravar a los propietarios territoriales y, en general, a los ricos. En su Ensayo sobre los impuestos (Of taxes), en que Hume combate, sin nombrarle, a Vanderlint, el más violento adversario de los impuestos ordinarios y el más enérgico defensor del impuesto territorial, se lee: «En efecto, preciso es que los impuestos sobre el consumo sean muy pesados y establecidos de una manera irracional, si el trabajador no es capaz de pagarle con un trabajo más activo y una economía más rigurosa, y sin elevar el precio de su trabajo.» Se creería oir hablar a Roberto Walpole mismo, sobre todo si se añade este pasaje del Ensayo sobre el Crédito público, en que se dice, con motivo de la dificultad de gravar a los acreedores del Estado: «La disminución de sus ingresos no puede disimularse bajo pretexto de ser un simple artículo de la accise (sisa) o de los derechos de aduana.»
Como era de esperar, por parte de un escocés, la admiración de Hume por los beneficios burgueses está muy lejos de ser puramente platónica. Siendo un pobre diablo al nacer, llegó penosamente a contar con un ingreso anual de 1.000 libras, hecho que el Sr. Dühring expresa espiritualmente (ya no se trata de Petty) del modo siguiente: «Había llegado mediante una buena economía doméstica, partiendo de muy escasos recursos, a poder escribir de un modo completamente independiente.» Más adelante el Sr. Dühring dice: «Nunca había hecho la menor concesión a la influencia de los partidos, de los príncipes o de las universidades: sin duda, yo no sé que Hume jamás haya tenido asuntos literarios con reparto de beneficios con un Wagener; pero se sabe que Hume, partidario decidido de la oligarquía whig, sostiene respetuoso la Iglesia y el Estado, recibe por precio de sus servicios, primero, el puesto de secretario de embajada en París, y después, el puesto incomparablemente más lucrativo de subsecretario de Estado.» «Desde el punto