vés de su Cuadro, por otra parte bastante sencillo (!)—líneas que deben representar la circulación del producto neto—, despiertan la sospecha de que, como base de esas «extrañas combinaciones de columnas», hay un miticismo matemático: se recuerda que Quesnay se ha ocupado de la cuadratura del círculo», etc. No pudiendo el señor Dühring, según propia confesión, comprender las líneas, a pesar de su sencillez, menester es que, según su costumbre, las haga sospechosas, para luego tranquilamente dar el golpe de gracia al fatal Cuadro: «Hemos considerado el producto neto en su aspecto más contestatable, etc.» La forzada confesión de que no comprende ni la primer palabra del Cuadro económico y el papel que en él juega el «producto neto», he aquí lo que el señor Dühring llama el aspecto más contestable del producto neto». ¡Qué humor!
Mas nuestros lectores no deben quedarse en la misma cruel ignorancia del Cuadro de Quesnay, en que necesariamente están sumidos quienes beben directamente en el Sr. Dühring su ciencia económica. He aquí la cosa en pocas palabras.
Ya se sabe que, según los Fisiócratas, la sociedad se divide en tres clases: 1.ª, la clase productiva, es decir, la clase realmente activa en la agricultura, la de los arrendatarios y trabajadores del campo, que son productivos porque su trabajo suministra un excedente: la renta; 2.ª, la clase que se apropia dicho excedente, a saber: los propietarios de la tierra y quienes de él dependen, el príncipe y, en general, los funcionarios pagados por el Estado, y en fin, la Iglesia en tanto se apropia el diezmo; 3.ª, la clase industrial o estéril (improductiva), que es estéril porque, según los Fisiócratas, no añade a las primeras materias suministradas por la clase productiva, ningún otro valor que el consumido en los medios de subsistencia, dados por esta misma clase productiva. El