rias en el año; sirve para las sustituciones parciales del capital de fundación; sirve de fondo de reserva para subvenir a los accidentes y, por último, cuando es posible, sirve para aumentar el capital de fundación y de explotación, para mejorar el suelo y para extender el cultivo.
Por otra parte, todo el proceso «es bastante sencillo»: los arrendatarios lanzan a la circulación 2.000 millones en dinero para pagar la renta, y para 3.000 millones de productos—de los cuales dos tercios constituyen medios de vida y un tercio primeras materias—y la clase estéril lanza a la circulación 2.000 millones de productos manufacturados. De los 2.000 millones en medios de vida, la mitad se consume por los propietarios territoriales y sus servidores, y la otra mitad por la clase estéril, como salario de su trabajo. Las materias primeras (las hay por 1.000 millones) sirven para reemplazar el capital de explotación de esta misma clase. De los productos manufacturados circulantes (los hay por 2.000 millones), una mitad corresponde a los propietarios de la tierra; la otra mitad a los arrendatarios, para quienes no es sino una nueva forma del interés de los fondos que tienen colocados; interés que sacan, desde luego, de la reproducción agrícola. Pero el dinero que el arrendatario ha lanzado a la circulación pagando la renta, le es reintegrado por la venta de productos; y de esta manera, el mismo circulo puede ser recorrido de nuevo el año económico siguiente.
Admirad ahora la exposición «verdaderamente crítica» del Sr. Dühring, tan infinitamente superior a las «exposiciones superficiales que son tradicionales». Después de habernos dejado entender, en términos misteriosos, por cinco veces consecutivas, con qué error opera Quesnay en su Cuadro con simples valores en moneda (lo cual es falso, como se ha visto), llega por último al resultado: de que cuando se pregunta «qué se hace en la circulación