aparece más grande es en el concepto que se forma de la historia de la sociedad: distingue en toda su evolución pasada cuatro fases sucesivas: salvajismo, barbarie, patriarcado y civilización—la última idéntica a la que hoy se llama sociedad burguesa—y muestra cómo a cada uno de los vicios a que se entrega la barbarie con sencillez, da a la civilización una forma compleja, ambigua e hipócrita; cómo la civilización se mueve en un «circulo vicioso» a través de las contradicciones que constantemente crea sin poder resolverlos, de suerte que siempre va a parar a un resultado contrario al que desearía obtener o pretende querer obtener. Por ejemplo: en la civilización la pobreza surge de lo superfluo. Como se ve, Fourier practica la dialéctica con la misma maestría que su contemporáneo Hegel. Con auxilio de la misma dialéctica, muestra, contrariamente a la fraseología corriente sobre la indefinida perfectibilidad del hombre, que cada fase histórica tiene su rama descendente, como tiene su rama ascendente, y aplica tal idea al porvenir mismo de la humanidad entera. De igual manera que Kant introdujo la idea del anonadamiento futuro de la tierra en la ciencia de la naturaleza, Fourier introdujo la del anonadamiento futuro de la humanidad, en la filosofía de la historia.
Mientras que en Francia el huracán de la Revolución barría el país, en Inglaterra se producía una revolución menos agitada, pero igualmente considerable. El vapor y las nuevas máquinas hicieron de la manufactura la gran industria moderna y revolucionaron las bases mismas de la sociedad burguesa. La marcha soñolienta de la evolución, en tiempos de la manufactura, dió lugar en la producción a un verdadero período de asalto. Con velocidad siempre creciente se cumple la escisión de la sociedad en grandes capitalistas y proletarios que nada poseen, entre los cuales lleva vida inestable la cla-