todo que le es propio. La naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica, y preciso es decir que, las ciencias modernas de la naturaleza han dado para tal prueba, materiales sumamente ricos, cuya masa aumenta cada día, y han probado también, cómo en una última instancia, la naturaleza procede dialécticamente y no de un modo metafísico. Sin embargo, al presente pueden contarse los sabios que han aprendido a pensar dialécticamente, y el conflicto entre los resultados adquiridos y el método tradicional explica la inefable confusión que domina actualmente en la ciencia teórica de la naturaleza y desespera a maestros y discípulos, a escritores y lectores.
No puede obtenerse una representación exacta del universo, de su evolución y de la evolución humana, como del reflejo en el espíritu humano de semejante evolución, sino mediante la dialéctica, por la consideración constante de la acción reciproca del devenir y del desaparecer, de los cambios en el sentido del progreso y del retroceso. Y tal ha sido, desde sus comienzos, la dirección de la filosofía alemana. El comenzar de Kant consistió en resolver en un proceso histórico el sistema solar estable de Newton y la duración eterna que le confería, una vez dado el famoso primer impulso; en referir el origen del sol y de todos los planetas al movimiento de rotación de una nebulosa, concluyendo de aquí, cómo a semejante origen se ligaba necesariamente el anonadamiento futuro del sistema sólar. Cincuenta años más tarde tales ideas fueron matemáticamente confirmadas por Laplace y después de otros cincuenta años, se probó la existencia de tales masas gaseosas en fusión, según grados diferentes de condensación.
Esta moderna filosofía alemana encuentra su conclusión en el sistema de Hegel en que por primera vez—tal es su gran mérito—todo el universo de la naturale-