trabajo y la producción han llegado a ser cosas fundamentalmente sociales, pero sometidas a una forma de apropiación que supone la producción privada, esto es, individuos que poseen cada uno su propio producto y lo llevan al mercado. El modo de producción está sometido a una forma de apropiación cuyos fundamentos ha minado[1]. En la contradicción que imprime a la nueva forma de producción su carácter capitalista se contiene en germen toda la colisión actual. Y cuanto más se extiende el dominio de la nueva forma de producción a todos los campos principales de la producción y a todos los países, de decisiva importancia económica, reduciendo por tal modo hasta los insignificantes restos de la producción individual, tanto más la incompatibilidad de la producción social y de la apropiación capitalista debe evidenciarse brutalmente.
Los primeros capitalistas encontraron dispuesta la forma del trabajo asalariado, como hemos dicho; pero como excepción, como ocupación accesoria, como auxilio, como cosa que pasa sin detenerse. El trabajador rural que iba de tiempo en tiempo a logarse por la jornada, tenía algunas fanegas de tierra suyas, de las cuales podia vivir en rigor. Las ordenanzas de los gremios velaban porque el compañero de hoy fuese el maestro de mañana;
- ↑ Es inútil mostrar ahora en su por menor que, aun cuando la forma de apropiación siga siendo idéntica, el carácter de la apropiación no está menos revolucionado que la producción misma por el proceso que acabamos de describir. Que me apropie mi producto o el de otro, naturalmente constituye géneros muy diferentes de apropiación. Digámoslo de paso: el trabajo asalariado, en que se contiene en germen la forma entera de producción capitalista, es sumamente antiguo; esporádico y diseminadamente ha coexistido durante siglos con la esclavitud; pero sólo cuando las condiciones históricas necesarias se hubo realizado, el germen pudo fructificar y dar la forma de producción capitalista.