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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/380

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Anti-Duhring

venderse: domina la anarquía de la producción social. Mas la producción de mercancías, como cualquier otra, tiene sus leyes propias, inmanentes, inseparables de ella, y esas leyes se cumplen a despecho de la anarquía, en ella y por ella. Las leyes se manifiestan en la única forma permanente de la solidaridad social, en el cambio; y se manifiestan al productor aislado como leyes coercitivas de la competencia. Primero, son desconocidas del mismo productor y tiene que descubrirlas poco a poco, tras larga experiencia. Esas leyes, pues, se cumplen sin los productores y contra los productores, como leyes naturales de la forma de producción, como leyes naturales ciegas: el producto domina a los productores.

En la sociedad medioeval, particularmente en los primeros siglos, la producción se destinaba principalmente al consumo propio del productor; su fin era, sobre todo, satisfacer las necesidades del productor y de su familia. Allí donde, como en los campos, subsistían las relaciones de dependencia personal, la producción contribuía igualmente a satisfacer las necesidades del señor feudal; no se producía para el cambio y, por consecuencia, los productos no tenían el carácter de mercancías. La familia del campesino producía aproximadamente cuanto usaba, los utensilios y vestidos, lo mismo que los alimentos. Sólo cuando llegaba a producir un excedente que superaba a sus propias necesidades y al canon en especie debido al señor feudal, sólo entonces, producía también mercancías; pues ese excedente, lanzado al cambio social, puesto en venta, fue la mercancía. Sin duda los artesanos de las ciudades debieron desde un principio producir para el cambio; pero ellos también, con su propio trabajo, satisfacían la mayor parte de sus necesidades, pues tenían jardines y tierrecitas, enviaban su ganado al bosque comunal, que les suministraba además, la madera y la leña; las mujeres hilaban el hilo y la lana, etc. La