la lucha universal y al mismo tiempo le dieron un carácter de violencia inaudita. Entre capitalistas aislados, como entre industrias y naciones enteras, las condiciones naturales o artificiales de la producción, según son más o menos favorables, deciden de la existencia. El vencido es despiadadamente eliminado; es la lucha por la vida individual de Darwin, que pasa, mil veces más furiosa de la naturaleza a la sociedad. El punto de vista del animal en la naturaleza aparece como el objetivo supremo de la evolución humana. La contradicción entre la producción social y la apropiación capitalista se manifiesta como antagonismo entre la organización de la producción en el interior de cada fábrica y la anarquía de la producción en el conjunto de la sociedad.
La forma de producción capitalista atraviesa esas dos formas de contradicción, que le son inmanentes, en virtud de su mismo origen; describe infaliblemente ese «circulo vicioso» que Fourier ya había descubierto. Pero lo que Fourier no podía ver aún en su tiempo, es que ese círculo se estrechaba progresivamente, que el movimiento sigue bien pronto una espiral y llegará a su fin, como el de los planetas, chocando con su centro. La fuerza de la anarquía social de la producción transforma en proletarios a la gran mayoría de los hombres y, a su vez, las masas proletarias pondrán término a la anarquía de la producción. La fuerza de la anarquía en la producción social es la que hace de la infinita perfectibilidad de las máquinas de la gran industria una ley coercitiva, que obliga a cada capitalista industrial a perfeccionar cada vez más las máquinas, bajo pena de ruina. Perfeccionar las máquinas es hacer superfluo el trabajo humano. Si la introducción e incremento del maquinismo significan la eliminación de millones de trabajadores a mano por reducido número de trabajadores a máquina, perfeccionamiento del maquinismo significa eliminación de un nú-