mero de día en día más considerable de trabajadores y, en último análisis, creación de un número de trabajadores asalariados disponibles que exceden de las necesidades medias del capital, creación de lo que yo llamaba, ya en 1845[1], un ejército de reserva industrial, siempre presto, disponible para los momentos en que la industria trabaja a alta presión, lanzada al arroyo por el krach, que necesariamente se sigue; lastre y peso muerto continuamente atado a los pies de la clase trabajadora en la lucha por la existencia que libra contra el capital y que mantiene el trabajo al bajo nivel que conviene a las necesidades de los capitalistas. De este modo, el maquinismo deviene, para hablar como Marx, el arma la más poderosa del capital contra la clase trabajadora, pues el instrumento del trabajo arranca constantemente de manos del trabajador los medios de vida, y el producto mismo del trabajador deviene un instrumento para dominar el trabajo. Así, la economía que se efectúa con los instrumentos de trabajo deviene inmediatamente y a la vez, el más desenfrenado derroche de fuerza de trabajo y significa la confiscación de las condiciones normales de dicha función; así, el maquinismo—el medio más poderoso para abreviar el tiempo de trabajo—deviene el medio más infalible para transformar todo el tiempo y toda la vida del trabajador y de su familia, en tiempo de trabajo disponible para la explotación capitalista; así, el exceso de trabajo de unos determina el paro de los otros, y la gran industria, que en la superficie entera del globo va a la caza de nuevos consumidores, limita en el interior el consumo de las masas al mínimo del hambre, suprimiendo su mercado interior. «La ley que constantemente mantiene la superpoblación relativa, o el ejército de reserva industrial, en equilibrio con la
- ↑ Lage der arbeitenden Klasse in England, pág. 109