extensión y energía de la acumulación del capital, clava el trabajador al capital más sólidamente que los clavos de Vulcano sujetaban a Prometeo a la roca; tal ley determina un acumulo de miseria correspondientemente al acumulo de capital. El acumulo de riqueza en uno de los polos es, pues, al mismo tiempo, acumulo de miseria, de trabajo penoso hasta el suplicio, de esclavitud, de ignorancia, de bestialidad y de degradación moral en el polo opuesto, es decir, por parte de la clase que produce capital con su propio producto». (Marx, Capital, página 671.) Esperar de la forma de producción capitalista otra repartición de productos, sería como exigir de los electrodos de una batería, en tanto están en comunicación con la misma, que no descompusiesen el agua y produjeran oxígeno en el polo positivo e hidrógeno en el negativo.
Hemos visto cómo la perfección del maquinismo moderno, llevada al extremo, se transforma, por efecto de la anarquía existente en la producción social, en una ley coercitiva que fuerza al capitalista industrial a mejorar sin cesar su instrumental, a elevar sin tregua su fuerza productiva. Y la pura posibilidad, de hecho, de extender el dominio de su producción se transforma por él igualmente en una ley coercitiva. La fuerza de expansión colosal de la gran industria, en comparación de la cual la del gas no es sino un juego de niños, se nos presenta ahora como una necesidad de extensión, a la vez cualitativa y cuantitativa, que se ríe de toda fuerza en contrario. Las fuerzas antagónicas están constituídas por el consumo, por las salidas, por los mercados para los productos de la gran industria; la capacidad de extensión cualitativa y cuantitativa de los mercados se regula primero por leyes muy diferentes y mucho menos enérgicas; la extensión del mercado no puede mantenerse al par que la extensión de la producción. La colisión deviene inevitable,