cuyos miembros forman un sujeto de derecho único y disponen, en calidad de tal, de la totalidad del suelo, de las habitaciones e instituciones de producción». Entonces no es el concejo aislado quien dispone, es la nación entera. El «derecho público», el derecho sobre la cosa, «la relación del derecho público respecto de la naturaleza», etc., no solamente es «oscuro y ambiguo, sino directamente contradictorio». En efecto, «una propiedad, a la vez, individual y social»—al menos en la medida en que concejo económico es un sujeto de derecho—, es una cosa ambigua y nebulosa, que casi no puede encontrarse sino en el Sr. Dühring.
En todo caso, el concejo económico dispone de sus instrumentos de trabajo en vista de la producción ¿y cómo se realiza esa producción? Enteramente a la antigua, como podíamos prever después de todo cuanto hemos aprendido del Sr. Dühring; únicamente el concejo hace en él las veces del capitalista. Y nos dice solamente que por primera vez en la historia la elección de oficio será libre para cada cual, al mismo tiempo que existirá la obligación igual de trabajar para todos.
La forma fundamental de toda producción hasta aquí ha sido la división del trabajo; de una parte, en el seno de la sociedad, de otra, en el seno de cada establecimiento de producción. ¿Qué deviene la división del trabajo en la «socialidad» del Sr. Dühring?
La primera gran división del trabajo social es la separación del campo y de la ciudad. Tal antagonismo, según el Sr. Dühring, es «inevitable, porque se funda en la naturaleza de las cosas»; pero tiene grandes inconvenientes en considerar como imposible de allanar la escisión existente entre la agricultura y la industria. De hecho, ya existe entre ellas, en cierto grado, una transición constante que promete acentuarse todavía más considerablemente en lo porvenir. Ya dos industrias se han in-