para el hombre, dando a cada cual ocasión para desarrollar y poner en actividad, en todos sentidos, todas las aptitudes fisicas e intelectuales: en tal organización, el trabajo en vez de carga será alegría.
Y todo esto no es ya hoy pura fantasía o simple deseo. Ya en el estado actual de desarrollo de las fuerzas productivas, el incremento de la producción dada en el hecho mismo de la socialización de las fuerzas productivas, la supresión de los obstáculos y perturbaciones que resultan de la forma de producción capitalista, así como de la disipación de los productos y medios de producción, permitirían—a todo el mundo que participa en el trabajo—reducir el tiempo de trabajo en proporciones que hoy nos parecen muy considerables.
Y del mismo modo podría suprimirse la antigua división del trabajo, sin que costase nada a la división del trabajo. Al contrario, esa supresión ha llegado a ser una condición de la producción misma en la gran industria. «Con el maquinismo ya no es necesario, como lo era en la manufactura, fortificar la repartición de los grupos de trabajadores, alrededor de las diversas máquinas, encadenando constantemente a los trabajadores a la misma función: como el movimiento general de la fábrica emana de la máquina y no del trabajador, pueden producirse continuos cambios de personas sin que se interrumpa la marcha del trabajo... Por último, la rapidez con que se aprende, en tierna edad, el trabajo a máquina, termina con la necesidad de educar una clase especial de trabajadores encaminados exclusivamente a ser trabajadores a máquina. Mas, en tanto la forma de utilización capitalista de las máquinas perpetúe la antigua división del trabajo con su especialización petrificada, bien que técnicamente haya llegado a ser inútil, el mecanismo mismo se revuelve contra el anacronismo. La base técnica de la gran industria es revolucionaria. «Con las má-