nes económicas, como si por eso se hiciese el menor sacrificio económico.
Sin duda, para ver que los elementos revolucionarios que ponen término, al mismo tiempo que a la antigua división del trabajo, a la separación del campo y de la ciudad y revolucionan toda la producción, están ya contenidos en germen en las condiciones mismas de producción de la gran industria moderna, y que su expansión está cohibida por la forma actual de producción capitalista, se necesita de un horizonte más amplio que el dominio de Landrecht prusiano, en que los schnaps y el azúcar de remolacha son los principales productos de la industria y en que puede estudiarse las crisis comerciales en el mercado librero. Para eso precisa conocer la verdadera gran industria, en su historia y en su realidad presente, principalmente en el único país que es su patria; mas en ese caso no se pensará ni un instante en empobrecer y rebajar el socialismo científico moderno a la condición del socialismo específicamente prusiano del Sr. Dühring.