dará la relación del precio correspondiente, a la vez, a las condiciones naturales de la producción y al derecho social de venta. La producción de metales preciosos determinará, como hoy, el valor de la moneda. Como se ve, lejos de perder, en la nueva constitución social, todo criterio todo tipo de los valores y de la equivalencia de los productos, por lo contrario, se les tendrá por primera vez». El famoso «valor absoluto» se realiza al cabo.
Mas, de otra parte, será menester que el concejo ponga a los individuos en condiciones de comprarle los artículos producidos, pagando a cada cual todos los días, semanas o meses, una cantidad en dinero, que deberá ser igual para todos como contra-prestación a cambio de su trabajo. «Por eso es indiferente, desde el punto de vista de la socialidad, el decir que el salario debe desaparecer o debe llegar a ser la forma única de ingreso económico.» Salarios iguales y precios iguales establecen la «igualdad cuantitativa, si no cualitativa, en el consumo», realizando por tal modo en el orden económico «el principio universal de justicia». En cuanto concierne a la determinación de la tasa del salario del porvenir, el Sr. Dühring nos dice, únicamente, que en dicho caso, como en todos los demás, «trabajo igual se cambiará por trabajo igual». Se pagará, pues, por un trabajo de seis horas una suma de dinero que implicará igualmente seis horas de trabajo.
Pero es menester no confundir «el principio universal de justicia» con esa nivelación brutal que subleva tan violentamente al burgués contra todo comunismo, en particular el comunismo espontáneo de los obreros. No es tan despiadado como parece. «La justicia fundamental de los créditos jurídico-económicos no excluye la adición voluntaria al salario que exige la justicia de un testimonio de estimación y de honor muy especial... La sociedad se honra a sí misma al recompensar los servicios de calidad superior por una facultad de consumo ligeramente su-