análisis serán los efectos útiles de los diversos objetos de uso—comparados primero entre sí y después en relación con la cantidad de trabajo necesario para fabricarlos—quienes determinen el plan de la producción. El asunto se resolverá sencillamente sin que intervenga para nada el famoso «valor»[1]. La idea del valor es la expresión más general y, por consecuencia, más comprensiva de las condiciones económicas de la producción de mercancías. En el concepto del valor se contiene en germen, no sólo la moneda, sino todas las formas más perfeccionadas de la producción y el cambio de mercancías. El hecho de que el valor exprese el trabajo social contenido en los productos particulares, permite fijar la diferencia entre el trabajo social y el trabajo individual contenido en el mismo producto. Si, pues, un productor privado continúa produciendo al modo antiguo en tanto progresa la forma de producción social, la diferencia le será sumamente manifiesta. Lo mismo acontece cuando el conjunto de productores individuales de una categoría determinada de mercancías produce una cantidad de ellas que supera a las necesidades sociales. Como el valor de una mercancía no se expresa sino en función de otra mercancía, y no puede realizarse sino en el cambio de una por otra, en general, el cambio puede no operarse o, al menos, puede no realizar el verdadero valor. Por último, si dicha mercancía específica, la fuerza de trabajo, se introduce en el mercado, su valor, como el de toda otra mercancía, se determina por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Como se ve, en la for-
- ↑ Yo he dicho en 1844 (Deutsch Französische Jahrbücher, pág. 95) que esa evaluación del efecto útil y del gasto de trabajo es todo lo que, en una sociedad economista, podría subsistir del concepto del valor de la economía política. Como se ve, sólo Marx en el Capital es quien ha dado a esa tesis un fundamento científico.