V
EL ESTADO, LA FAMILIA, LA EDUCACIÓN
Con los dos últimos capítulos casi hemos agotado el contenido del «nuevo sistema socialitario» del señor Dühring. A lo sumo podría observarse cómo «el alcance universal de sus ideas históricas» no le impide, en modo alguno, ver sus propios intereses, sin hablar del «superconsumo moderado» que ya conocemos. Subsistiendo en la socialidad la antigua división de trabajo, el concejo económico tendrá que contar, no sólo con los carretilleros y los arquitectos, sino también con los literatos de profesión y, entonces, se plantea la cuestión de la suerte que le está reservada al derecho de autor, cuestión que preocupa, más que otra alguna, al Sr. Dühring. En todas partes, por ejenplo, a propósito de Luis Blanc y de Proudhon, el lector se encuentra con el derecho de autor, que se extiende al fin en nueve largas páginas del Curso, y que felizmente se refugia en el puesto de la socialidad bajo la forma de yo no sé qué misteriosa «remuneración del trabajo», con o sin «superconsumo moderado». Un capítulo acerca de la situación de las pulgas un «el sistema natural de la sociedad», hubiera estado igualmente indicado y ciertamente fuera menos fastidioso.
La «Filosofía» en detalle da preceptos respecto al orden social futuro. En este punto Rousseau—aunque «unico precursor importante» del Sr. Dühring—no ha sido bastante profundo, y su profundo sucesor repara todo,