por eso no deja de servir la cosa en su socialidad. Pero ya lo hemos visto: la antigua división del trabajo subsiste, en sus líneas generales, en la producción del porvenir, tal cual la ve el Sr. Dühring; y de esta suerte se quita toda perspectiva de aplicación práctica ulterior a esa educación técnica, todo valor para la producción, pues ya no tiene sino fines escolares y debe servir para reemplazar la gimnasia, de la cual no quiere oir hablar nuestro reformador radical. Por tanto, con tal motivo no puede ofrecernos sino algunas frases vacías; por ejemplo: «La juventud y la vejez trabajan, en el sentido propio de la palabra.» Semejante palabrería incierta, y vacía, es verdaderamente lamentable si se la compara con el pasaje del Capital (páginas 508 a 515) en que Marx desarrolla este pensamiento: «Del sistema fabril—como puede verse al pormenor en Owen—sale el germen de la educación del porvenir, que une, para todos los niños de cierta edad, el trabajo productivo con la instrucción y la gimnasia, y ve en tal sistema, no sólo un método para aumentar la producción social, sino el solo y único método para producir hombres de desarrollo integral. «Pasemos ahora a la Universidad del porvenir, en que la filosofía de la realidad constituirá el núcleo de todo saber y en que subsistirá por entero, al lado de la Facultad de Medicina, la Facultad de Derecho; pasemos sobre las «escuelas especiales», de las que nos dice que las habrá para un «reducido número de objetos»; admitamos, en fin, que el joven ciudadano del porvernir esté en condiciones, después de terminar su curso de estudios, de «bastarse a sí mismo» y que quiera casarse; ¿qué camino le abre el Sr. Dühring?
«En lo que concierne a la importancia de la generación para el mantenimiento, la supresión y mezcla, como asimismo para un nuevo desarrollo de cualidades y defectos, menester es indagar, en gran parte, el origen de las cualidades humanas e inhumanas en la unión la se-