patizara con él. Pero ahora no; ahora le grita con voz de trueno «una moralidad profunda y severa». Primero se trata de acabar con la necedad y la estupidez, que imperan en el campo de la unión y de la selección sexual; se trata de tener en cuenta el derecho del recién nacido a una constitución tan buena como sea posible; se trata, en ese momento solemne, de perfeccionar la formación de la humanidad en carne y hueso; de llegar a ser, por decirlo así, un Fideas de la carne. ¿Cómo hacerlo? Las misteriosas palabras del Sr. Dühring no dan con tal motivo la menor indicación, bien diga que en ello hay todo un arte. ¿El Sr. Dühring tendrá ya «a la vista de un modo esquemático» un mármol de ese arte, como tantos como circulan por la librería alemana, cerrados a las miradas indiscretas por una banda de papel? En tal caso, hemos salido de la socialidad y nos encontramos en la Flauta encantada, con la diferencia de que el pontífice frac-masón Sarastro no es sino «un sacerdote de segunda clase», con respecto a nuestro severo y profundo moralista. Las experiencias que emprende Sarastro con su pareja de adeptos amorosos no es sino un juego de niños al lado de la prueba horrible a que el Sr. Dühring somete a esos dos individuos soberanos, antes de permitirles que entren en el estado de «matrimonio libre y moral». Quizá pueda acontecer que nuestro Tamino del porvenir tenga a sus pies «lo que se llama lo absoluto», pero que uno de sus pies se desvíe de la longitud normal en dos grados, de tal suerte, que malas lenguas le llamen pie zambo. Y nada hay de imposible en que su bien amada Tamina no se tenga derecha sobre lo absoluto, a consecuencia de una ligera desviación del omoplato derecho, que la maledicencia pueda considerar como joroba. Y entonces, nuestro profundo y severo Sarastro ¿les prohibirá practicar el arte del «perfeccionamiento del hombre de carne y hueso», ejercitará su solicitud preventiva
Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/448
Apariencia