sobre la «concepción» o su «exclusión» al nacimiento»? Apostamos diez contra uno que las cosas se harán de otra manera, y los dos amantes dejarán a Sarastro-Dühring con su plan e irán en busca del funcionario del Registro civil.
¡Alto!—exclama el Sr. Dühring.—No es eso todo, ¡escuchad otras razones! Dados los móviles «superiores», verdaderamente humanos, de las uniones bienhechoras, la forma propiamente humana y ennoblecida de la atracción sexual que se manifiesta, en sus grados extremos, como amor apasionado en su reciprocidad, es, la mejor garantía de una unión aceptable igualmente en sus resultados... Precisa ver un efecto y una consecuencia tan sólo en el hecho de que, en una relación armónica surge un producto armónicamente compuesto. De donde resulta que toda coacción tiene que ser perjudicial, etc. Así, todo acontece para lo mejor en la mejor de las socialidades posibles. El pie zambo y corcova se aman apasionadamente y ofrecen, de este modo, en su reciprocidad la garantía de un «resultado armónico». Todo pasa como en las novelas: se aman, obteniendo uno la mano del otro, y la «moralidad profunda y severa» deviene lo que se piensa en la armonía de sus locuras.
La noble idea que el Sr. Dühring se forma del sexo femenino, en general, se verá también por la acusación que lanza contra la sociedad actual: «En esta sociedad de opresión, fundada en la venta del hombre al hombre, la prostitución pasa por ser el complemento necesario del matrimonio en beneficio de los varones, y es un hecho bien comprensible y tanto más significativo que nada puede haber de análogo en beneficio de las mujeres.» Yo no querría, por nada de este mundo, meterme en el bolsillo las manifestaciones de gracias que podrá recibir el señor Dühring por parte de las mujeres a cambio de ese hermoso cumplido que tiene para con ellas. ¿Pero el señor