ring: «Sólo en la construcción socialista, tal cual la he expuesto en mi Curso de Economía política y social, una propiedad verdadera puede reemplazar a la propiedad aparente y precaria: la propiedad de coacción.»
Esta antología de alabanzas que a sí mismo se dirige el Sr. Dühring podría aumentarse diez veces y, seguramente, desde ahora suscitará algunas dudas en el lector que se preguntará si verdaderamente tiene que habérselas con un filósofo ó con un... pero rogamos al lector reserve su juicio hasta el momento en que conozca mejor el carácter «esencialmente agotante» de la doctrina. Además, no ofrecemos la antología en cuestión sino para mostrar que no nos hallamos frente a un filósofo o socialista ordinario, que desarrolla pura y simplemente sus pensamientos, dejando a los demás el cuidado de decidir en lo sucesivo respecto a su valer, sino de un ser absolutamente extraordinario, que afirma no ser menos infalible que el Papa y cuya doctrina únicamente puede dar la felicidad, de tal suerte, que precisa adoptarla si no se quiere caer en la más condenable de las herejías.
No tenemos, en modo alguno, que vérnoslas con uno de esos trabajos en que abundan todas las literaturas socialistas, y desde hace poco la literatura socialista en lengua alemana, trabajos en que hombres de diverso valer tratan con la mayor lealtad de esclarecer ciertas cuestiones para cuya solución puede muy bien faltarles más o menos materiales, trabajos en que, cualquiera que sean sus defectos literarios y científicos, siempre es de estimar la buena voluntad socialista.
Al contrario, el Sr. Dühring nos ofrece tesis que declara como verdades definitivas y sin apelación, respecto de las cuales toda otra opinión se considera previamente falsa, y como verdad definitiva, posee de modo exclusivo el riguroso método científico y toda otra carece de valor científico. Ahora bien, o la razón está de su parte,