En cuanto al juicio que le merecen al Sr. Dühring los socialistas que sucedieron a los citados, para ser breves no notaremos sino los proferidos acerca de Lassalle y de Marx.
He aquí algunas apreciaciones acerca de Lassalle: «tentativas pedantescas, de vulgarización...» «escolástica exagerada...» «mezcla colosal de teorías generales y de escándalo inútil...» «idolatría por Hegel»... ni sentido ni forma... ejemplo repugnante... inteligencia limitada... agitación de ambicioso... preocupación de cosas las más insignificantes... nuestro héroe judío... «libelista grosero.. desarreglo interno en el concepto de la vida mundo».
Ved ahora algunos juicios referentes a Marx: «corta vista... estos trabajos y producciones, consideradas en sí mismas, es decir, desde el punto de vista puramente teórico, son para nuestro asunto, la historia crítica del socialismo, sin valor durable; y para la historia general de la corriente intelectual son de citar como síntomas de la influencia de una especie de escolástica sectaria»... impotente para la concentración e incapaz de orden»... Pensamiento y estilo informes... aire vulgar... estilo sin dignidad... fatuidad británica... engaño... conceptos audaces, efectos bastardos de imaginación histórica y lógica... giros falaces... vanidad personal... maneras insolentes... impertinencias... juegos ingeniosos, historietas, espíritu reaccionario en filosofía y en ciencia», etc.; porque lo dicho no es sino un espigueo muy superficial en el jardín de flores del Sr. Dühring. Y entiéndase bien, no tenemos por qué averiguar en estos momentos si semejantes amables invectivas, que deberían prohibir al Sr. Dühring, por poca educación que tuviere, el calificar sea a quien fuere, de «insolente» y de «impertinente», constituyen verdades definitivas y sin apelación. También nos guardaremos de formular la menor duda respecto a su pro-