de toda existencia, no tiene sino dos grandes objetos de estudio: la naturaleza y la humanidad. Así, se ve formarse muy naturalmente tres grandes divisiones de la filosofía, a saber: Esquematismo general del mundo; estudio de los principios de la naturaleza y, por último, estudio de los principios de la humanidad. Esta sucesión contiene, al mismo tiempo, un orden lógico interno por que los principios formales fundamentales, válidos para todo ser pensante, primero, y los dominios objetivos a que se aplican estos principios vienen después en su jerarquía. Todo cuanto se acaba de consignar es el pensamiento del señor Dühring, reproducido palabra por palabra.
En el Sr. Dühring se trata de principios, se trata de aplicar a la naturaleza y al hombre «principios» formales derivados del «pensamiento» y no del mundo exterior, y por esos principios tendrán que regirse la naturaleza y el hombre. ¿Pero de dónde puede sacar el pensamiento esos principios? ¿De sí mismo? No; puesto que el mismo Sr. Dühring dice que la esfera de las ideas puras se limita a los «esquemas» lógicos y a las formas matemáticas (lo cual es falso, por otra parte, como tendremos ocasión de ver).
Los esquemas lógicos no pueden referirse sino a «las formas del pensamiento», y aquí, por lo contrario, no se trata sino de las formas del «ser», del mundo exterior, y estas formas no puede crearlas ni sacarlas de sí mismo el pensamiento, sino del mundo exterior. Mas de esta manera todas las relaciones están invertidas, los principios no son el punto de partida en la investigación, sino más bien el resultado final; no son aplicados a la naturaleza y a la historia de la humanidad, sino que derivan de éstas; no es la humanidad y la naturaleza quienes se rigen y modelan por estos principios, sino que los principios no son verdaderos sino en la medida en que concuerdan con la naturaleza y con la historia. Tal es la con-