Además, si no hay ya necesidad de filosofía como tal, tampoco hay ya necesidad de ningún sistema de filosofía, aun cuando ese sistema fuese «natural». La ciencia, cuando ve que el conjunto de fenómenos de la naturaleza forma un todo sistemático, por sí misma se mueve a poner de manifiesto dicha conexión sistemática en toda cosa, en el todo y en las partes. Mas una ciencia correspondiente, completa, de esa conexión; la construcción de una imagen ideal y exacta del sistema del mundo en que vivimos, es para nosotros, como para todos los tiempos, imposible. Si, en un momento cualquiera de la evolución humana, se realizara tal sistema definitivo de las conexiones y de las relaciones físicas, espirituales e históricas de que el mundo se compone, la esfera del conocimiento humano, por lo mismo, habría terminado; y, a partir del momento en que la sociedad estuviere organizada conforme a ese sistema, habría concluido la evolución histórica, el progreso en lo porvenir; lo cual sería un absurdo, un contra sentido. Los hombres, pues, se encuentran colocados en presencia de la siguiente contradicción: o bien conocerán de una manera completa el sistema del mundo en su conexión total, o bien, conforme a su propia naturaleza como a la naturaleza del mundo, no podrán nunca cumplir plenamente esa tarea.
Mas las contradicción no estriba sólo en la naturaleza de ambos factores, el mundo y los hombres, sino que es también el factor esencial de todo progreso intelectual, y se resuelve constante y diariamente en la evolución infinita y progresiva de la humanidad, como se resuelven los problemas matemáticos en una serie infinita o en una fracción continua. De hecho, toda imagen ideal del mundo es y permanece limitada; objetivamente, por la situación histórica y subjetivamente, por la constitución física y psicológica de su autor. Pero el señor Dühring, anuncia desde luego, que su pensamiento es tal, que