del hecho de que la existencia nuda les es atribuída a todos igualmente.
La unidad del mundo no consiste en su existencia, bien que su existencia sea la condición de su unidad, puesto que evidentemente precisa que sea antes de poder ser uno. Por lo demás, el ser, en si mismo, es un problema a partir del punto en que nuestra vista se para. La unidad verdadera del mundo está en su materialidad, y esta última se prueba, no por algunas frases de charlatán y por algunos manejos de pasa-pasa, sino por una larga y laboriosa evolución de la filosofía y de las ciencias de la naturaleza.
Prosigamos nuestra lectura. El ser de que nos habla el Sr. Dühring, no es el ser puro que, idéntico a sí mismo, necesariamente privado de toda determinación particular, no es de hecho sino el equivalente de la idea de la nada, es decir, de la ausencia de idea». Bien pronto veremos que el mundo del Sr. Dühring comienza por un estado en que falta toda determinación interna, todo movimiento y todo cambio; por un estado que equivale pues, de hecho, a una idea inexistente y que no es sino una pura nada.
Sólo a partir de esta nada del ser se desarrolla el estado actual del universo, diferenciado, cambiante, evolucionante, en devenir; y sólo después de haber comprendido esto, llegaremos a hallar y a «mantener» bajo este cambio perpetuo «la idea del ser universal idéntico a si mismo». La idea de ser se encuentra desde este momento elevada a un grado superior en que comprende en sí la permanencia lo mismo que el cambio, el ser lo mismo que el devenir. Llegados ahí, sabemos que el género y la especie, lo general y lo particular, son los signos distintivos los más simples, sin los cuales no puede ser comprendida la naturaleza de los cosas». Pero esos son signos cualitativos.