Dicho esto, continuemos: A los géneros se opone la idea de la magnitud, como la cosa homogénea en la cual ya no se encuentran diferencias específicas; dicho de otro modo, pasamos de la cualidad a la cantidad, y ésta siempre es mensurable.
Comparemos ahora esta «distinción precisa de los esquemas generales de la acción» y este «punto de vista verdaderamente crítico» a las ingenuidades, a las groserías, a las fantasías febriles de un Hegel. Vemos que la lógica de Hegel comienza por el ser, como el Sr. Dühring; que el ser se manifiesta como nada, como el señor Dühring; que de esta nada se pasa al devenir, cuyo resultado es la existencia, es decir, una forma más elevada, más rica del ser; todo como el Sr. Dühring. La existencia conduce a la cualidad, la cualidad a la cantidad, todo como el Sr. Dühring. Y para que nada falte de esencial, el Sr. Dühring nos cuenta en otra ocasión que: «Del reino de la insensibilidad no se entra en el de la sensación, a pesar de la continuidad cuantitativa, sino por un salto cualitativo, del cual podemos decir que es infinitamente diferente de la simple gradación de una sola y misma propiedad»[1]. Todo como la línea nodal de relaciones de medida de Hegel, en que una adición o una sustracción puramente cuantitativa produce, en ciertos puntos determinados, un salto cualitativo; por ejemplo, para el agua que se calienta o enfría, el punto de fusión y el punto de congelación son los nudos en que se cumple, a la presión normal, el paso brusco a un nuevo estado de agregación[2], en que, por consecuencia, la cantidad se muda en cualidad.
Nuestro estudio ha intentado llegar hasta el fondo de