las cosas, y en la raíz de los profundos «esquemas fundamentales» del Sr. Dühring ha encontrado... las «fantasías febriles» de un Hegel, las categorías de la Lógica de Hegel, primera parte, teoría del ser, «deducidas» rigurosamente según el antiguo método hegeliano; el plagio a penas velado!
Y no contento con haber tomado a aquel de sus predecesores que más ha calumniado, la teoría del ser, el Sr. Dühring tiene valor, después de dar él mismo anteriormente ese ejemplo de transmutación brusca de la cantidad en cualidad, tiene valor, digo, para escribir, respecto a Marx, «que es cómico el verle invocar esta idea confusa y nebulosa de Hegel, de que la cantidad se muda en cualidad».
¡Idea confusa y nebulosa! ¿Quién, pues, «se muda» en tal caso, y quién es cómico, Sr. Dühring? Todas esas hermosas cositas no son, pues, como se nos había anunciado, «establecidas de una manera axiomática», sino simplemente introducidas desde fuera de la lógica de Hegel. Y tan verdad es esto, que en todo el capítulo podría cogerse ni sombra de razonamiento consecuente y seguido que no se haya tomado de Hegel; de suerte que todo se reduce a una fría y vacía rapsodia respecto del espacio y el tiempo, la permanencia y el cambio.
Hegel pasa del ser a la esencia, a la dialéctica. Allí trata de las determinaciones de la reflexión, de sus oposiciones y de sus contradicciones inmanentes (por ejemplo, lo positivo y lo negativo); después llega a la causalidad o relación de la causa y el efecto, y termina tratando de la necesidad. El Sr. Dühring hace exactamente lo mismo: lo que Hegel llama teoría de la esencia, el Sr. Dühring lo denomina propiedades lógicas del ser; y éstas consisten, ante todo, en el «antagonismo de las fuerzas», en sus oposiciones. En compensación, el señor Dühring niega en absoluto la contradicción. Ya volvere-