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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/71

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por Federico Engels

El segundo corolario es «la ley del número determinado: la acumulación de lo idéntico en cualquier especie real de seres u objetos independientes no puede concebirse sino como formando un número determinado». No sólo el número de cuerpos celestes existentes debe ser en cada momento del tiempo un número en sí determinado, si que también es del número total de todas las más pequeñas partes independientes de la materia existente en el mundo. Y esta última necesidad es la verdadera razón de que no se pueda pensar compuestos sin átomos. Toda realidad compuesta de partes tiene en sí siempre un número determinado y finito, y debe tenerlo, si no se quiere que aparezca la contradicción de lo innumerable numerado. Por tal razón, no sólo el número de giros que la Tierra ha dado hasta el día en derredor del Sol debe ser un número determinado, aunque no asignable, si que también todos los procesos periódicos de la naturaleza deben haber tenido un comienzo, y todas las diferencias, todas las variedades y diversidades de la naturaleza, en su sucesión, deben tener su raíz en un estado idéntico a sí mismo. Y este último puede concebirse sin contradicción, como habiendo existido de toda eternidad; mas esta concepción aún quedaría excluída si el tiempo, en sí mismo, se compusiera de elementos reales y no fuera dividido arbitrariamente por nuestro entendimiento en tanto que éste pone posibilidades ideales. De otro modo se da el contenido real y discreto del tiempo; el tiempo en la medida en que realmente está lleno de sucesos o acaecimientos tales que pueden distinguirse, y las existencias que se colocan en el tiempo, por lo mismo que son distintas, son susceptibles de ser numeradas. Pensemos un estado sin cambio, y que en su perfecta identidad consigo mismo no ofrece ninguna diferencia, ninguna sucesión: el concepto más restringido del tiempo deviene en tal caso la idea más general del ser. Imposi-