gunos escrúpulos viendo que un hombre como Kant encontraba en este caso una dificultad insoluble; pero no, nuestro atrevido, fabricando «resultados y teorías enteramente originales» copia, sin entrecomarlo, cuanto puede servirle de la antinomía de Kant, y echa a un lado lo demás.
El problema, en sí mismo, se resuelve muy sencillamente. Desde luego, como indica el mismo sentido de las palabras, la eternidad en el tiempo, la infinitud en el espacio, consiste en no tener fin en ningún sentido, ni por delante, ni por detrás, ni en alto, ni en bajo, ni a la derecha ni a la izquierda. Esta infinidad es cosa distinta de una serie infinita, porque ésta comienza siempre por la unidad, o en un primer miembro. La representación de serie es inaplicable a nuestro objeto, como se ve al punto que se aplica al espacio. La serie infinita, traducida especialmente, es la línea que va al infinito a partir de un punto determinado en una dirección determinada; ahora bien ¿expresa eso, en alguna manera, la infinidad del espacio? Muy al contrario, basta tirar seis líneas a partir de un punto único en tres direcciones divergentes, para comprender las dimensiones del espacio y tendremos de este modo seis de esas dimensiones. Kant lo vió tan bien que no transportó su serie numérica al mundo espacial sino indirectamente, por cierto sesgo. Por lo contrario, el Sr. Dühring, nos fuerza a admitir seis dimensiones en el espacio y al punto no encuentra bastantes palabras para expresar su indignación contra el misticismo matemático de Gauss que no quería contentarse con las tres dimensiones ordinarias del espacio[1].
Aplicada al tiempo, la línea o serie infinita de unidades en dos direcciones, tiene una cierta significación metafórica. Pero, si nos representamos el tiempo como una magnitud, contada a partir de la unidad o como una línea
- ↑ Cursus der Philosopie, pág. 66 y siguientes.