tirada a partir de un punto determinado, decimos por eso mismo que el tiempo ha tenido un comienzo: suponemos precisamente lo que sería menester demostrar. Así damos a la infinitud del tiempo el carácter de una infinitud unilateral, de una semi-infinidad; ahora, esto es una contradicción en sí y, precisamente, lo contrario de «una infinidad pensada sin contradicción». Y no podemos salir de tal contradicción sino admitiendo que la unidad de que partimos para contar la serie, o el punto a partir del cual comenzamos a medir la línea, son una unidad arbitrariamente elegida en la serie, o un punto cualquiera de la línea, tales que sea indiferente para la línea o para la serie saber dónde empieza. Y la contradicción, que consiste en «enumerar una serie numérica infinita». Estaremos en condiciones de examinar más de cerca, semejante contradicción cuando el Sr. Dühring haya realizado ante nosotros el prodigio de enumerarla. Cuando haya logrado contar -∞ (menos infinito) hasta cero, entonces podrá volver, porque está muy claro que, comience donde se quiera, dejará tras sí una serie infinita, y con esta serie el problema que debía resolver. Invierta solamente su propia serie infinita 1+2+3+4 o trate, comenzando por el fin infinito, de contar hasta uno, evidentemente es la tentativa de un hombre que no ve nada de lo que constituye la cuestión. ¡Más aún! cuando el señor Dühring afirma que la serie infinita del tiempo transcurrido es enumerada, afirma al propio tiempo que el tiempo tiene un comienzo, porque sin eso no podría de ninguna manera comenzar a «enumerar.» Por tanto, pues, introduce subrepticiamente como postulado cuanto es preciso demostrar. La idea de la serie infinita numerada, dicho de otro modo, la «ley universal del número determinado», de Dühring es, pues, una contradiction in objeto, implica una contradicción, y una contradicción absurda.
Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/75
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