de la materia y de la fuerza mecánica[1]. La primera proporción nos muestra, sea dicho de paso, un precioso ejemplo de la grandilocuencia axiomática y tautológica del Sr. Dühring. Cuando una magnitud no cambia, permanece idéntica; así la cantidad de fuerza mecánica que existe en el universo, permanece eternamente la misma. Pasemos sobre el hecho de que en la medida en que esto es exacto, ha sido sabido y dicho por Descartes hace ya cerca de tres siglos, que en las ciencias de la naturaleza la teoría de la conservación de la ciencia se difunde por todas partes hace veinte años y que, por último, el Sr. Dühring, limitándola a la fuerza mecánica, está muy lejos de perfeccionarla. Pero ¿dónde estaba la fuerza mecánica en el tiempo de ese estado sin cambio? A esta cuestión, el Sr. Dühring rehusa obstinadamente contestar.
¿Dónde, Sr. Dühring, se encontraba entonces esa fuerza mecánica que eternamente permanece igual a sí misma, y qué hacía? Contestación: «El estado primitivo del universo, o más precisamente de una materia invariable, no comprendiendo cambios de estado acumulados en el tiempo, es una cuestión que no puede ser derivada sino por una inteligencia que ve en la auto-mutilación de su fuerza de generación la suprema sabiduría.» (¡!)
Así, pues, o bien aceptaréis a cierraojos mi «estado primitivo invariable, o bien yo, el prolífico Sr. Dühring, diré que sois eunucos intelectuales». Esta amenaza puede horrorizar a muchas gentes, pero nosotros, que hemos visto ya algunos ejemplos de la virtud prolífica del señor Dühring, nos permitimos dejar sin más contestación esa elegante injuria para volver a preguntarle: pero señor Dühring, si hacéis el favor, ¿qué es lo que ocurre con la fuerza mecánica?
- ↑ Cursus des Philosophie, pág. 72-75-Cf. 2.ª parte, cap. II, pág. 72-82.