estado de la materia idéntica a sí misma es la condición previa de todos los estados siguientes de evolución que pueden ser enumerados.»
Visiblemente no hemos todavía acabado desde hace mucho tiempo con el estado primitivo de la materia idéntica a sí misma. En este caso, semejante estado se designa como la unidad de la materia y de la fuerza mecánica, y esta unidad como una fórmula a la vez lógica y real, etc. De consiguiente, pues, cuando cese la unidad de la materia y de la fuerza mecánica, comienza el movimiento.
La fórmula lógica, a la vez real, no es sino débil tentativa para utilizar en la filosofía de la realidad las categorías hegelianas de lo en sí (ansich) y por sí (fürsich). En lo en sí consiste en Hegel la identidad primitiva de las contradicciones implícitas en una cosa, en un fenómeno, en un concepto, que aún no han salido de ella por evolución; en el por sí se manifiesta la distinción y separación de sus elementos implícitos y comienza su oposición. Es preciso, pues, representarnos el estado de inmobilidad primitiva como la unidad de la materia y de la fuerza mecánica y el tránsito al movimiento como su separacion y oposición. Lo que hemos ganado a la cosa, no es la prueba de la realidad de este fantástico estado primitivo, sino únicamente la posibilidad de comprender bajo la categoría hegeliana del ansich, y de comprender su desaparición, igualmente fantástica, bajo la categoría del fürsich. ¡Socorro a Hegel!
La materia, dice el Sr. Dühring, es el soporte de todo lo real; de tal suerte, que no puede haber fuerza mecánica fuera de la materia. La fuerza mecánica es un estado de la materia. En el estado primitivo, pues, en que ningún fenómeno se produce, la materia no constituía sino uno con su estado, la fuerza mecánica. En lo sucesivo, cuando comenzaron a producirse fenómenos, seme-