Al contrario, tal teoría realiza por primera vez una explicación racional del fenómeno, y el «escándalo» no puede resultar, a lo sumo, sino del hecho de que los físicos continúen designando con una palabra envejecida y ya impropia de «potencial» el calor transformado en otra forma de energía molecular.
Los estados idénticos a sí mismos, y los estados de reposo de la materia en el estado sólido, líquido y gaseoso, representan, pues, ciertamente trabajo mecánico, en tanto que la fuerza mecánica es la medida del calor. La corteza sólida de la Tierra, como el agua del Océano representan en su actual estado de composición una cantidad determinada de calor desprendida, a la cual evidentemente corresponde igualmente una cantidad determinada de fuerza mecánica. Cuando la masa gaseosa de que ha salido la Tierra ha pasado al estado líquido, y más tarde en su mayor parte al estado sólido, se ha difundido por radiación en el espacio una cantidad determinada de energía molecular en forma de calor. La dificultad de que habla misteriosamente el Sr. Dürhing no existe, por tanto, y aun en las aplicaciones cósmicas de la teoría, podemos encontrar defectos y lagunas derivadas de la imperfección de nuestros instrumentos de conocimiento, pero en modo alguno tropezamos con obstáculos teóricos infranqueables. El puente de lo estático a lo dinámico es también en este caso el impulso de fuera, enfriamiento o calor producido por otros cuerpos que obran sobre el cuerpo en equilibrio. Cuanto más adelantemos en la filosofía de la naturaleza del Sr. Dürhing, tanto más nos parecerán imposibles todas las tentativas para explicar el movimiento por la inmovilidad o para hallar el puente sobre el cual lo que está en reposo y es puramente estático podría por sí mismo pasar a ser dinámico, pasar al movimiento.
Por esto hemos al fin acabado, por algún tiempo, con el