estado primitivo de la materia idéntica a sí misma, y el Sr. Dürhing pasa a la química y nos revela con este motivo tres leyes permanentes de la naturaleza descubiertas por la filosofía de la realidad:
1.º La cantidad de la materia universal; 2.º, la de los elementos (químicos) simples, y 3.°, la de la fuerza mecánica son invariables.
Así, el hecho de que la materia, como sus elementos simples, en la medida en que los tiene, y el movimiento, no pueden crearse ni destruirse: tres hechos tan antiguos, tan universalmente conocidos y cuya expresión grandemente insuficiente, he ahí los únicos resultados, verdaderamente positivos que el Sr. Dürhing es capaz de ofrecernos al fin de su filosofía de la naturaleza y del mundo inorgánico; hechos todos que conocemos desde hace mucho tiempo. Pero lo que no sabíamos es que fuesen «leyes permanentes» y como tales, propiedades esquemáticas del sistema de las cosas. Es lo mismo que lo de antes con Kant; el Sr. Dürhing toma una vieja vulgaridad universalmente conocida, pega encima una etiqueta de Dürhing y llama a la cosa «resultados y concepciones esencialmente originales... ideas creadoras de sistema... ciencia que va hasta el fondo de la realidad».
Pero no hay por qué desesperarse. Cualesquiera que sean los defectos de la «ciencia la más profunda» y de la mejor organización de la sociedad», hay una cosa que el Sr. Dürhing puede afirmar con seguridad: «El oro existente en el mundo ha debido existir siempre en igual cantidad y no ha debido aumentar o disminuir más que la materia universal.» Pero lo que no nos dice, por desgracia, el Sr. Dürhing, es lo que podríamos comprar con ese «oro existente».