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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/98

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Anti-Duhring

Aquí también Hegel tiene que corregir al Sr. Dürhing. El tránsito ideal al mundo orgánico se opera en el señor Dürhing por virtud del concepto de finalidad—y esto también está tomado de Hegel, que en su Lógica (teoría del concepto) pasa por medio de la teleología o teoría del fin, del mundo físico-químico a la vida. Desde cualquier punto que miremos, nos tropezamos en el señor Dürhing, con una «grosería hegeliana» que él nos sirve sin molestarse, por su propia y profunda ciencia. Nos llevaría muy lejos, el investigar ahora en qué medida es legítimo y oportuno aplicar las ideas de medio y de fin al mundo orgánico. De todas maneras, la aplicación misma de la idea hegeliana del «fin interno», es decir, de un fin que no se introduce en la naturaleza por un ser exterior que obra con intención (por ejemplo, la sabiduría de la Providencia), sino que es inmanente a la cosa misma y a su desenvolvimiento necesario, conduce a las gentes, que no tienen una cultura filosófica completa, al supuesto irreflexivo de una acción conciente e intencional. El mismo Sr. Dürhing, a quien la menor veleidad espiritista en otro pone en una indignación moral sin límites, nos asegura, sin vacilar, que «las sensaciones del instinto han sido creadas, sobre todo, en vista de la satisfacción que va unida a su función» y nos cuenta que la pobre naturaleza «debe sin cesar restablecer y mantener el orden en el mundo objetivo» y esto en más de una circunstancia «exige de parte de la naturaleza más sutileza de cuanto se acostumbra a concedérsele». Mas no sólo la naturaleza sabe porque crea esto o lo otro, no sólo necesita librarse del menester de una servidora, no sólo tiene sutileza—lo cual, sin embargo, es ya un lindísimo perfeccionamiento para un pensamiento conciente y subconciente—sino que por cima de todo eso tiene también una voluntad, porque si el instinto cumple, además de su propio fin, condiciones que pone la naturaleza (nutrición,