Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/101

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cuatro de la tarde. Comió y bajó al café. Allí encontró á cuatro ó cinco jóvenes de esos que no viven sino al rededor de una mesa de billar, con quienes le fué muy fácil relacionarse, tanto mas cuanto que les invitó varias veces á beber con él.

Un poco mas tarde hizo una partida de billar con ellos, para pasar mas alegremente la noche; y de partida en partida y de pérdida en pérdida, comenzó á jugar el dinero que llevaba, que como buen dinero fué desapareciendo poco á poco de su bolsillo. Lo cierto es que á media noche no le restaba ya un solo centavo. Pensando desquitarse no abandonó el juego, y continuó perdiendo, pero sin pagar esta vez.

Por fin, sus compañeros, viendo que la cuenta crecia, reclamaron sus derechos, y Lindoro se vió en un trance apuradísimo, teniendo al cabo que confesar su ruina.

Uno de los gananciosos echóle en cara su mal proceder, él se indignó; un insulto brotó de sus lábios, contestóle otro, sonó una bofetada, luego otra, en seguida otra; despues ... la mar! ... " Bancos, sillas, tacos, bolas de billar volaban por los aires. Algunos se pusieron de parte de Lindoro, que quiso ganar la