Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/102

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puerta, pero cuando ya comenzaba su desfile, presentóse la policia, que llevó consigo á los causantes de tan mayúsculo desórden.

El comisario dispuso se pagaran los daños y perjuicios al dueño del hotel, con mas una multa de ocho nacionales por barba ó por cabeza, por mas que Lindoro no tuviese ni una ni otra.

Pagaron todos los gananciosos que fueron puestos en libertad, pero cuando llegó el turno de Acuña, tuvo que confesar con lágrimas en los ojos que su dinero habia emprendido la fuga y estaba ya muy lejos. Por esta causa, pues, tuvo que pasar esa noche y el dia siguiente á la sombra.

Cuando fué puesto en libertad eran las tres de la tarde. Corrió al muelle; un vapor se preparaba á emprender la marcha; tenia el boleto de vuelta en el bolsillo; se embarcó bendiciendo la feliz casualidad y maldiciendo al Rosario, á Dupont y al fragmento de carta, que tan mala pasada le habian jugado. Su maleta, llena de ropa, quedó en poder del dueño del hotel, en pago de los destrozos y del almuerzo y la comida, cuyo importe no habia satisfecho.

En cuanto pisó la cubierta del buque, exhaló un suspiro de satisfaccion inmensa. Tenia algunos car-