Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/116

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— Pero hay escepciones....

— Sí; para los libros indecentes. Si escribes algo que no dejarias fuese leido por tus hijos ni por tu esposa, ten por seguro el éxito. Ya verás que no queda un ejemplar ni para remedio.

— Estás muy al corriente... !

— Hé escrito.

— Sigue, sigue. Me interesa la conversacion.

— ¿Qué mas quieres que te diga? Los libros se escriben para regalarlos ó para quedarse con ellos; no sé si los maestros venden sus obras, pero puedo asegurarte que entre los muchachos no hay uno solo que se jacte de ello.

— Pero he oido decir que algunos diarios pagan por artículos sueltos que publican, y este es ya un medio de ganarse la vida escribiendo, y sin dejar de estar libre.

— Es verdad, y voy á relatarte lo que me sucedió con un diario de la mañana, de cuyo nombre ni aun quiero acordarme. Pero hemos llegado al hotel; seguiremos en la mesa.

Armando condujo al jóven á un pequeño comedor que habia hecho preparar desde por la mañana