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XII

EL DIA SIGUIENTE

A las ocho de la mañiana Ernesto se despertó, llamado por Hazlo-todo. Las sombras que invadieran su cabeza la noche anterior no se habian desvanecido aún. Sus piernas flaqueaban, zumbaban sus oídos.... Encontrábase, pues, en el estado de anonadamiento del que sin tener costumbre de hacerlo, ha pasado la noche en una orgia.

— Qué hora es? preguntó con voz enronquecida.

— Las ocho contestóle Armando.

— Voy á casa á mudarme de traje, para ir despues á trabajar.

— Me parece bien.

— Me acompañas?

— Nó; tengo que hacer.

Ernesto salió, tambaleándose. Caminó penosa-