Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/136

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Lindoro se retiró con despecho.

— Sin duda alguna Dupont se ha quedado en Buenos Aires, pensaba, y se ha ocultado de mi para hacerme alguna mala partida. Esto lo sabré dentro de poco.

Armando llegó al hotel y lo supo todo por el mozo.

— Heme aquí cautivo en mis propias redes, se dijo. Pero yo sabré arreglarlo. Si así no lo hiciera no necesitaria llevar el sobrenombre que llevo. Si Lindoro fuese otra persona tendria que temer; pero siendo como es... ¡Bah! No hay miedo de que me haga daño nunca. Yo sabré tenerle á raya, dominarlo ... He hecho cosas mucho mas difíciles. Pero me preocupo demasiado de este asunto que no merece tanta atencion. Dejemos esto.

Y salió del hotel, dirijiéndose á casa de Lindoro.

— Es tan pobre de espíritu este muchacho. pensaba, como rico de fortuna; así es que lo engañaré con cuatro palabras que le diga. Lo que me conviene es que abandone á Manuela, y es muy probable que ya se haya olvidado de sus proyectos, tanto mas cuanto que su cabeza hueca no podrá nunca comprender lo que vale esa niña. ¡Ah! Y vale: mucho, mucho!...