Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/143

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za... no creo que me ame ... y mis fuerzas se estinguen, y mi frente se inclina hácia el suelo!... ¡Mi vida es un suplicio! Todo lo que me rodea es tenebroso; veo sombras en todas partes; no vislumbro ni la luz mas débil, que me guie y me aliente... Me siento desfallecido y el trabajo me parece un martirio ... Recuerdo el murmullo de las olas del rio, cuando, aquella mañana, me paseaba á sus orillas... La veia llamarme... y me esperará aun... ¡La muerte! No la temo, porque es la cesacion completa de todos los sufrimientos, de todas las penas que roen el corazon... ¡Sus abrazos atenuan los dolores producidos por ese dardo que parece destrozarme el alma!

Dejóse caer en una silla, ocultando el rostro entre las manos. Su dolor era inmenso, inaguantable. Como él lo habia dicho, las sombras espesas lo rodeaban; las sombras de la ilusion perdida!...

— Mi falta es imperdonable!... Me he degradado; he dormido bajo de una mesa!... Yo mismo me horrorizo de lo que he hecho!...

Permaneció un instante silencioso, aterrado.Su crimen le parecia mayor que un homicidio... ¡Habia