Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/144

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arrastrado su título de ser humano por el suelo fangoso de una taberna!...

— Pero ella es tan buena! murmuró por fin. Quizá me perdone esa falta. ¡La quiero tanto que merezco sin duda un poco de compasion y ella la tendrá de mí! El tiempo se encargará de borrar de su mente ese recuerdo funesto. ¡Ah! Si volviesen aquellos momentos en que me conceptuaba desgraciado siendo feliz! ¡Solo una cosa me inquietaba entonces; tenia confianza en que ella me amaria, y trataba únicamente de encontrar el medio de vivir sin pena... Y hoy ... Hoy no me inquieta ya nada, ni nada me importa!... Si me perdonase!... Si yo pudiera probarle que la fatalidad solamente me ha impelido á cometer esa falta!... Y se lo probaré! El trabajo purifica y yo he de purificarme con él ... entonces volveré á su lado, me arrojaré á sus plantas y la pediré perdon... ¿Cómo ha de negármelo? Estoy arrepentido...

Encendió una lámpara y tomando un libro comenzó á hojearlo. Era «La vida es sueño», de Calderon. Sus ojos se detuvieron en una página en la

que leyó estos dos versos: