Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/149

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disminuyó sus honorarios, con esa crueldad de las personas que se enriquecen á costa del sudor de los demás.

Manuela nada dijo tampoco esta vez á su padre. Contentóse con trabajar mas que de ordinario, para que entrase siempre á su casa la misma cantidad de dinero.

— Mi padre me necesita, murmuraba de vez en cuando, y estoy obligada á hacer por él todo lo que pueda. ¡Cuánto le debo! Jamás podré pagarle sus cuidados y su amor!

Casi todas las noches se le aparecia en sueños la imágen de su madre, que la alentaba, derramando en su corazon el bálsamo del cariño. Al despertar, la realidad la entristecia, mas luego recobraba su presencia de ánimo.

— ¡Oh! ¡Cuánto te quiero, madre mia! murmuraba. ¡Y tú tambien me quieres! ¡Ah! Yo te ruego que jamás dejes de aparecerte en mis sueños, porque así sé que siempre estas á mi lado!....

A veces veía tambien á Ernesto, pero en el estado mas horrible, así como lo vió la mañana aquella, tambaleante y desfallecido en medio del patio. Esto

la hacia sufrir.