Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/190

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la compañera de su vida. No le faltaban consuelos y se habia resignado.

Dupont saludó á los dos, presentando en seguida á Lindoro que se habia quedado tras él.

— Me he permitido traer á este jóven, amigo mio, dijo, que tiene necesidad de mandar hacer una papelera bordada, y como la señorita es tan hábil no he dudado un momento en indicarle la encomiende ese trabajo, sabiendo que lo hará á las mil maravillas.

Manuela fijó los ojos en Lindoro y lo examinó durante un solo segundo.

Inmediatamente le asaltó una idea.

¿No sería ese un medio puesto en práctica por el jóven para acercarse á ella, con intenciones mas ó menos honradas?

La inocencia suele adivinar los lazos que se la tienden.

Desde el primer momento, Acuña la fué antipático, de modo que por lo que pudiera acontecer mas adelante, resolvió negarse á trabajar para él.

Todas estas reflexiones las hizo instantáneamente,

así es que en cuanto Dupont dejó de hablar tenia ya pronta la respuesta.