Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/203

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atrevia á decirlo por no herir nuestra suceptibilidad!

Manuela calló un instante.

— Sabes que te quiere, agregó tristemente don Miguel.

— Me quiere! me quiere! exclamó ella con sarcasmo. ¿De qué sirve un amor cuando no es bastante poderoso para hacer olvidar el vicio?

— Pero quién sabe ... interrumpió Dolores.

— Lo he visto yo ¿debo dudar aún? ¡Todavia si me lo hubiesen contado podria no creerlo!

— Has visto que es un noble jóven; quizá las malas compañias ...

— Oh! calla, calla por Dios, papá! Es muy probable que haya dado este paso que tanto te agrada, solo por acercarse nuevamente á mí, y reconquistar el aprecio hácia él, que sabe he perdido. ¿Las malas compañias, dices? No estimo yo á un hombre que se deja llevar por la corriente. ¡Las malas compañias! Buen pretexto para encubrir las faltas de los que caen! ¿Por qué nos las huyó? ¿No tiene inteligencia suficiente para distinguir lo bueno de lo malo? Pues si no la tiene ¿por qué me pides,

indirectamente, que lo escuche?