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XXI

NOCHE TERRIBLE

Despues de permanecer largas horas silencioso y meditabundo, encerrado en su cuarto, Ernesto salió de su casa, medio loco de dolor.

Era ya tarde. La noche extendia su manto de tinieblas sobre la ciudad, casi por completo adormecida.

Mucho habia reflexionado el pobre jóven acerca de los sucesos de aquella tarde. Sus fuerzas estaban desvanecidas. Manuela no podria quererlo nunca; le habia arrojado al rostro la seguridad de ello, en la frase que lo hizo huir de sus miradas, sin tratar de vindicarse siquiera. La jóven recordaba el estado en que le habia visto, y no lo olvidaría, por mas

tiempo que los separase de aquella escena de degradacion.