Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/219

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des, yo sufriria. ¡Es tan dulce pagar los favores inmensos qne todo hijo debe á sús padres! Y, además, si tú trabajaras, estarías lejos de mí la mayor parte del día; y estando lejos de mí lado, mis penas serian mas grandes. Oh! papá. No sufras, porque debes ser dichoso.... como yó!

Don Miguel acercó la cabeza de su hija á sus lábios, y depósitó en su frente un beso, en el que se expresaba todo el cariño que tenia á la jóven.

Dolores se habia retirado á un extremo del aposento, para ocultar su emocion.

— Voy á sacar la comida que he preparado, continuó la niña. Hoy estamos de fiesta y Dolores nos acompañará.

— Ah! Con mucho gusto, exclamó la buena mujer.

Manuela salió.

— Es muy hermosa, no es cierto? preguntó don Miguel.

— Oh! Sí!

— Tengo su imágen grabada en mi mente. Es lo único que veo entre las tinieblas que me rodean! ¡Es tan buena como bella! Si viviese su pobre madre... Dolores ¿quiére Vd. hacerme un favor? Dígame

como es, hágame su retrato, de palabra.